Mokuhanga en San Luis Potosí
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La Universidad Autónoma de San Luis Potosí presenta la exposición Mokuhanga: La técnica japonesa de grabado en madera, de la colección particular de Andrés Ordaz, en la que Fabiola Gil Alares ha colaborado con un texto de sala. La exposición reúne más de 70 piezas en distintos formatos, entre ellas dípticos, trípticos y libros ilustrados. Las obras retratan escenas de la vida rural y urbana, así como paisajes, flora y fauna. También incluyen representaciones de figuras sociales, militares y políticas vinculadas con acontecimientos relevantes de los siglos XVIII y XIX en Japón. Asimismo, Mokuhanga: manual ilustrado de xilografía japonesa, se expone en una de las vitrinas como bibliografía fundamental de referencia.
La exposición se inaugura el próximo 26 de febrero y se podrá visitar hasta el 24 de mayo en el Centro Cultural Caja Real.
Texto de sala:
Mokuhanga: La técnica japonesa del grabado en madera. Colección Andrés Ordaz
Hoy en día podemos estar acostumbrados a ver imágenes como las de esta exposición… pero ¿se pueden imaginar la revolución en la mente de un artista de comienzos del siglo XX al verlas por primera vez? Encuadres novedosos, puntos de vista diferentes, síntesis, modernidad estética, la utilización del color… Conceptos disruptores que nutrieron lo que hoy en día conocemos como historia del arte, transformando nuestra mirada a partir de una técnica específica: el mokuhanga.
Más allá de su estética, su principal aportación al grabado en relieve ha sido la aparente sencillez de un sistema de registros que permite crear estampas con múltiples colores. Una solución que hizo posible pasar de iluminar estampas en blanco y negro en el siglo XVII a un desarrollo técnico en estampas a color que continúa en el siglo XXI. Avances que no hubieran sido posibles como los conocemos sin la inquietud artística y literaria de una población ávida de mangas, libros o estampas; ni sin una industria editorial que apostó por la innovación técnica y estética.
Utamaro, Hokusai, Hiroshige… son algunos de los autores que han trascendido a nuestros días, pero junto a todos ellos había un sistema editorial plenamente articulado que convertía sus diseños en estampas. La figura del editor, que analizaba el mercado, buscaba inquietudes de la población y contrataba a los artistas en función de cada proyecto; el equipo de tallistas, capaces de trasladar milimétricamente un dibujo en tinta del papel a la plancha de madera; y los estampadores, que sabían colocar minuciosamente el color y daban vida a la estampa.
A partir de esta sólida tradición, y de las evoluciones propiciadas por movimientos artísticos como el shin-hanga o el sosaku-hanga en el siglo XX, el mokuhanga se ha consolidado como una de las técnicas de grabado más versátiles, en la que artistas del siglo XXI trabajan campos tan alejados como la abstracción o el hiperrealismo.
Fabiola Gil Alares